(Obviad lo de Maxis, que desafortunadamente no desarrolla juegos Sims desde hace años)

 

Con todas las modificaciones y novedades que incluye, lo que no cambia en Medieval es que controlamos los destinos de personas: los propios Sims que dan nombre a la saga, en las actividades cotidianas de su vida diaria. No obstante, si en episodios precedentes debíamos prestar atención a infinidad de aspectos como la higiene, la vejiga, etcétera… en esta ocasión sólo tenemos que preocuparnos de dos de ellas: La energía y el hambre. Esta reducción entronca firmemente con el hecho de que el videojuego está más centrado encumplir misiones que en nuestro libre albedrío.

 

Y es que Maxis no se ha conformado con cambiar de época a sus Sims, sino que le ha dado una vuelta de tuerca a todo el concepto. En el videojuego seremos una suerte de dios, El Guardián, que decidirá los destinos de una serie de personajes en cuyo pellejo nos iremos introduciendo, y que al contrario que lo que era tradicional en la franquicia no nos permite encarnar a cualquiera, sino sólo a un grupo de caracteres muy concretos. Cada uno de ellos, además, tendrá trabajos y tareas muy específicos que cumplir, de modo que todo el concepto está mucho más encorsetado en esta ocasión.

 

¿Es esto algo negativo? Según se mire. Los deseosos de crear sus familias y disfrutar de sus vidas, deseos y disgustos sin cortapisas encontrarán en Medieval un videojuego excesivamente cerrado en cuanto a planteamiento, casi como si de un título de aventuras se tratara. Los que, sin embargo, se agobiaban por la excesiva libertad de Los Sims disfrutarán aquí del camino algo más circunscrito que se propone en esta ocasión, y que tiene mucho más de la expansión Trotamundos en cuanto a su funcionamiento con misiones que al último capítulo de las series: El propio Los Sims 3.

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Por cierto, recordad que hoy es el día de la primera “súper sorpresa secreta” de EA. Veremos…